lunes, 22 de marzo de 2010

Viernes, día de perros (la guagua fotogénica)

Intenso. Confuso a ratos. Escalofriante. Sangriento. Mi viernes pasado tuvo todos los elementos que uno podría pedirle a una buena película. Y a una mala también.
Eran pasadas las cuatro de la tarde. En mi calidad de dueño de casa (cargo que detento de manera indefinida), recibí a mi hija que llegaba del colegio y, tal como me había recordado mi querida Pame por enésima vez de manera telefónica, llamé al perro y le puse la cadena para ir a dejarlo a la veterinaria, donde lo bañarían, le harían el brushing, el rebaje y la pedicure, entre otras cosas. Obviamente invité a mi escolar primogénita y partimos con la ansiedad normal de Alberto-Fido, que tiraba de manera insistente de la cadena. Al llegar a la puerta del condominio, el perro pegó un tirón más fuerte y reventó varios eslabones, procediendo a darse a la fuga, como diría un carabinero. Nada nuevo en él, que se escapa bastante seguido. Esta vez fue diferente, eso sí, porque fijó un curso distinto a la plaza cercana a la casa, que suele ser su escondite tradicional, lugar donde corre y "obra". En carrera loca, y mirándonos de vez en cuando (lo seguimos a distancia, para no perderlo de vista), cruzó una calle con mucho tránsito, a unas tres cuadras de nuestro hogar. Lamentaría su riesgosa decisión. La postal fue espantosa: una camioneta le pasó por encima. El perro se dio una vuelta completa tras ser golpeado por una de las ruedas del vehículo. Chillaba del dolor mientras volvía a duras penas hacia nosotros, con sus patas traseras casi colgando, inertes.


Esperé a que se calmara un poco y miré a la Coni, para ver si estaba muy nerviosa, mientras el can lanzaba al viento sus alaridos desgarradores. Como una buena descendiente de mi familia, mantuvo la calma... "La procesión va por dentro" dice mi mamá sobre esa característica que tenemos (y que a la larga hace pésimo). Luego de unos momentos traté de tomarlo, para llevarlo a la consulta veterinaria que queda cerca, teniendo cuidado de no tocar la parte que claramente estaba más afectada... hice un par de shhh... shhh con el índice hacia arriba (sí, he estado viendo "El encantador de perros") y procedí... no alcancé a dar dos pasos, cuando el perro me mordió el mismo dedo... primero fuerte y luego MUY fuerte. Me clavó uno de sus colmillos bastante profundo. Con dolor lo dejé lo más suavemente que pude en el suelo, mientras veía como me brotaba la sangre de la herida, que tiene un par de centímetros de largo. Ahora era yo el que lanzaba al viento alaridos desgarradores (y un par de chuchadas también)... Una mamá con su hija pararon en su auto a ver qué nos pasaba, mientras una nana, morena pero vestida de nana inglesa, salió de la casa de enfrente para intentar ayudar (con preguntas como "¿es suyo el perro?", "es que tiene que andarlo trayendo amarrado pues"), sin comprender que uno está tratando de razonar, con un dolor absurdo en uno de sus dedos, ensangrentado, con un perro atropellado y una hija que está construyendo un trauma a cada segundo. En ese momento, intenté pensar con claridad y mirando la tranquilidad de la Coni y que estaba acompañada por la nana morena inglesa, le encargué que se quedara cuidando a su mascota y partí a la veterinaria, maldiciendo al "Encantador de perros".
El operativo de emergencia fue nervioso, tomando en cuenta que con lo dramático del momento la veterinaria perdió las llaves de su auto, así que fuimos a pie a buscar al Fido con un bozal y una manta. Luego del traslado, la dolorosa revisión indicaría que la lesión está localizada en la cadera y que la única solución es reposo y anti inflamatorios por cinco días. En mi caso me limpiaron la herida, me pusieron un parche con una goma verde encima (igual a uno que le habían puesto a mi perro hace semanas), me dieron un plato de Master Dog y me enviaron a mi casa. Vendado como perro.
La Pame llegó cuando estábamos saliendo. Luego en la casa se largó a llorar mientras veía a su perro a mal traer, dopadísimo. De mi dedo ni hablar.

Un modelo en la familia
Pero quedaba día y teníamos hora para una nueva ecografía, de esas en 3D a lo Avatar. El especialista se volvió loco cuando vio a mi hijo en el vientre. Se mostró absolutamente: la cara, la nariz respingada, el perfil de Brad Pitt, como yo... Tanto así que comenzó a sacarle fotos, feliz, y nos regaló cuatro a todo color, impresas en papel fotográfico y todo. Algunas amigas le dijeron a la Pame que nunca les habían regalado fotos en esas instancias. Pero bueno, supongo que era una buena manera de mejorar el ánimo, sabiendo que mi hijo viene sano y que tiene posibilidades en el mundo del modelaje (un sueño hecho realidad. Ahora falta que sea bueno para la pelota). Luego sólo nos quedó llegar a la casa, ver por la tele como mi equipo hacia seis goles, en un partido para el que tenía entradas y no fui, y tratar de olvidar tanta emoción fuerte. Era suficiente para un viernes....

5:30 AM. Sábado. La Pame me despierta con gritos y llanto. Me alarmo. Le pregunto que le pasa. Me dice desesperada que es un calambre. Me lanzo hacia sus piernas y utilizando todo mi conocimiento como masajista (que a estas alturas podría ser una nueva especialidad en mi CV), comienzo a sobar la pierna afectada y a hacer la clásica maniobra de futbolista en el minuto 88. La Pame llora del dolor. Sus dedos se llegan a contraer. El calambre me la pelea pero sucumbe. La Pame se relaja. Me duele mucho el dedo herido y vendado. El Fido duerme. Y yo sólo pienso que necesito un sábado que dure toda la semana...

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8 comentarios:

  1. Marcela4:17 p. m.

    Qué impactante.Presenciar el atropellamiento de un perro es algo que no podría soportar, menos si es propio, menos con una hija al lado. Y después la mordida del dedo. Y uno que cree que con el terremoto ya cumplió con la cuota de situaciones de emergencia del semestre. Pucha te compadezco, aunque reconozco que me reí con el relato.
    Qué bueno que el pequeño Brad esté sanito. Para los calambres, estirar la pierna completa y presionar el pie hacia atrás.
    Mucha suerte y ojalá el sábado haya sido un poco más relajado.

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  2. Exactamente eso es lo que hice para el calambre. Lo mismo que hacen los futbolistas desde siempre. Yo le agrego algunos masajes en la pantorrilla afectada... el sábado fue más tranquilo efectivamente. Al menos no atropellaron ni mordieron a nadie... como siempre gracias por leer... Éxito!

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  3. Anónimo9:51 p. m.

    lo que no me queda claro es a quien le pusieron el bozal.

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  4. Anónimo11:13 p. m.

    ¿Por qué coloca el artículo "la" delante de un nombre propio? ¿Por el dolor?

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  5. Es una costumbre chilena que denota familiaridad. Gracias por leer!

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  6. Deja de ventilar tu vida, Pelao. Te va a pasar la del Manolito...

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  7. Tu historia (que está muy buena, en eso concuerdo con el Negro) me recuerda aquella memorable ocasión en que mi hermano sacó a pasear a nuestra perra pitbull y, al ver la plaza vacía, le soltó la correa. Para mala suerte suya, detrás de un arbusto apareció un pequeño poodle, el que inmediatamente fue detectado por el instinto asesino de Dolores (si, no cuadra el nombre con la raza, pero era su denominación de origen). Resultado: mi padre con un dedo fracturado producto de la fuerza que hizo al abrir la mandíbula de mi perra para rescatar a la pequeña ovejita de sus fauces, además de un par de días de hospitalización porque la víctima en cuestión no tenía ninguna vacuna. Y un rosario de chuchadas para mi hermano, por supuesto.

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  8. Michelle, afortunadamente Fido es un perro mediano. Un pitbull no lo sacas a pasear, él te pasea a ti. Gran nombre el de "Dolores". Trata de no concordar muy seguido con el Negro, no es bien visto. Gracias por leer y éxito!

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