jueves, 11 de marzo de 2010

Réplica (Bachelet Superstar y el cambio de mando)


Bachelet Superstar avanza de pie en el descapotable por Valparaíso. Hace un par de horas salió de La Moneda, provocando euforia y lágrimas entre la gente, que sólo quería tocarla, como una estrella de rock o un sumo pontífice en gira. En la pantalla dividida, el presidente electo pestañea y se acomoda el cuello una y otra vez con un tic que tendremos que soportar por 4 años. La tierra tiembla. Fuerte. Me levanto para ir a afirmar la tele, mientras le hablo a mi nana que está en el primer piso para que esté tranquila. Está al teléfono y corta. Por unos segundos pienso que debería botar la tele para tener la excusa perfecta para comprar un plasma. Quiero uno para ver el mundial. La casa sigue moviéndose y Montserrat Alvarez trata de hablar desde el estudio, sintiendo como la parrilla de luces sobre su cabeza se balancea sobre su cabeza. Algunos periodistas corren en Valparaíso. Colapso telefónico: 15 millones de teléfonos se transforman en celulares "de palo".
En otro lugar de Santiago (imaginar el logo de Batman girando aquí), mi mujer, con cinco meses de embarazo corta la conversación con la nana. El agrietado edificio público donde trabaja se mueve más de la cuenta. Se pone de pie con el vientre duro. Sus compañeras de trabajo la tranquilizan y todas evacúan el sector. Logra llamarme para decirme que está fuera del edificio, y me pregunta por nuestra hija.
En un colegio del barrio imposíblemente más alto de Santiago (logo de Batman de nuevo), hay caos. Es la segunda réplica y mi hija, al igual que todo su curso, se refugia debajo de la mesa por instrucción de la profesora. Algunas niñas lloran. Mi cuñada, profesora del lugar, la llevará pronto a mi casa, luego de que los apoderados, nerviosos, aparezcan en el establecimiento para retirar a sus hijos temprano. No alcanza a almorzar la colación que le eché en la mañana. Al rato estaremos todos juntos para sentir como sigue temblando durante la tarde.
Antes, en el Congreso, Piñera asume como presidente en una ceremonia que ya no le importa mucho a nadie. Ni a los telespectadores, que ven el GC que anuncia una alerta de tsunami en varias regiones, ni a las delegaciones internacionales, que sienten con pavor cada movimiento telúrico, y miran el techo para ver cómo se balancean las lámparas, en un evento que bien pudo haber contado con el auspicio de Pampers. En unos instantes más darán la orden de evacuar el lugar, y la televisión mostrará el Príncipe de España saliendo pálido de pavor. Seguro varios, incluyendo a su majestad, tuvieron que pasar por una muda de ropa camino al aeropuerto. En Santiago, mi perro -con crisis nerviosa- tiene el patio convertido en un "campo minado".
Piñera suspende sus actividades para ir al lugar del epicentro de los últimos temblores, mirando por la ventana del auto, y seguramente pensando que debería reclamar al Sernac: este no es el país que compró.

9 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Eso, querida Alicia, si que es algo para alarmarse...

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  3. Anónimo7:37 p. m.

    (ups! se me olvidó el anonimato con el nerviosismo, lo siento, tuve que eliminar la evidencia)

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  4. Que bueno que volviste a escribir!!!

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  5. que bueno este tipo de ver la ealidad contingente de nuestra sociedad,, jajaa

    por ahí ddecian - Piñera, la Tierra no te kiere-

    y del otro lado: La tierra esta perreando!!

    saludos

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  6. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  7. Gracias por tu comentario Sergio... hay que tomarse la vida con humor, ¿no? Yo me inclino por la teoría del perreo.

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