lunes, 5 de abril de 2010

La vieja Hohner y la Pascua de Judas

Me cuesta escuchar lo que pienso a esta hora. Principalmente porque por alguna razón la Pascua me dejó damnificado y el ruido de tripas retumba en las paredes. O casi. Me pasa casi siempre en las mañanas que ando medio descompuesto. Quizás sea la sobredosis de palta. Le pasa también al perro pascuero, que se recupera de manera encomiable (buena palabra) de su atropello y que ayer dejó unos sucedáneos de "huevos de chocolate" repartidos en el patio.
El pasado fue un fin de semana tranquilo, coronado por una réplica ruidosa, como una señora que protestaba ayer en uno de esos supermercados ferreteros. Como ella, el movimiento alertó a varios. Supongo que duró menos que los alegatos de la vieja, que en un tono de "do" agudo de flauta Hohner escolar insistía en que uno de los dependientes le había hecho mal el color que pidió, y que lo había secado con un secador y que no era, y que qué hacía ahora con las paredes que pintó, si no era el color que ella quería y que lo había secado con el secador, y que el color no era... y que uno de los dependientes le había hecho mal el color... y que qué hacía con las paredes y con el secador... no paraba. Ni con la pintura, ni las paredes, ni su secador. Nosotros tratábamos de mirar colores para el proyecto pieza del nuevo integrante de la familia, y mientras ideaba los colores y diseños que quiero incluir en las paredes pensaba qué pasaría si el color que pido no es el que me dan, y qué haría con las paredes y si secaría con el secador...

Ya tengo el diagrama definitivo de la obra que se transformará en la habitación del heredero. Una megaproducción que hará que Gaudí se sacuda en su cripta, y que mezclará colores, dibujos y animatronics; en un cóctel visual 3D que seguramente no va a quedar como está planeado. Pero soñar no cuesta nada, y dibujar tampoco, así que en eso estoy (es la parte entretenida, porque de desmantelar la oficina todavía nada)... creo que antes de eso tengo que buscar el secador.

La Pascua de Judas
Es el malo de la película, en especial de las de Franco Zefirelli. Judas aparece una vez al año, para estas fechas. Nadie se acuerda de él en Navidad, por razones obvias, nunca es representado por un actor pintoso y, en Chile al menos, además es quemado. Pasó ayer en Iquique, según vi en las noticias. La gente se reunió alrededor de una figura de Judas colgada y le prendió fuego. El muñeco ardía mientras las llamas subían hasta su cabeza. Pero Judas es traicionero (según dicen), y tenía guardada una pequeña venganza: en medio de la euforia dejó caer sus ropas encendidas sobre un tipo que estaba más cerca de lo aconsejable. La camisa del hombre comenzó a arder con grande llamaradas. Histeria. El sujeto se tiró al suelo, se sacó la prenda y volvió como si nada a acercarse al colgante ex apóstol, ante la mirada estupefacta de la multitud. No era un milagro. La figura tenía dentro 30 mil pesos en monedas, equivalentes a las 30 monedas por las que Judas traicionó a su maestro. Una vez terminado el incendio, el hombre casi quemado se tiró al suelo junto a otros para luchar por parte del botín. Loco por un puñado de monedas. Como Judas.

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1 comentario:

  1. Cuentan que en la última cena al medio de la mesa había un cerro de cocaína. Y pasaba un apóstol y se pegaba un toque; pasaba otro y se pegaba una rayita; un tercero se pegaba una punta. Jesús contemplaba todo esto muy interesado. De pronto, se acercó al cerro de coca, todavía inmenso, se llevó un poco a las encías, la degustó, pero con tan mala suerte que no pudo evitar estornudar ferozmente, desparramando todo lo que quedaba. Judas lo miró con cara de odio y gritó muy ofuscado: "¡¡¡Ah nooooo, este hueón es pa' crucificarlo!!!"

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