
Sí, sé que llegué más tarde que bus clon al tema del Transantiago. Ahora que ya está todo dicho y hecho. Que hasta Iván se baja de la micro, pero por la puerta de atrás.
Mi primera impresión del plan la tuve desde Brasil, cuando no pasaba de ser una anécdota ver a la gente colgando... Después en Chile me declaraba un abierto fan del nuevo orden, de la reducción de micros, del adiós al ruido y la bienvenida a las calles expeditas... hasta que debuté como usuario. El Transantiago y yo nos odiamos. Simplemente no nos soportamos... Pa qué gastar más pixeles repitiendo las quejas de todas las viejas que entrevistan los noteros de los matinales. Pero sí, me he encontrado varias veces sin plata en la Bip! y sin tener un lugar donde cargarla en kilómetros a la redonda, y he andado apretujado (no manoseado, menos mal) en micro y metro.
En todo caso, tengo entendido que todo se va a arreglar cuando los buses orugas se transformen en mariposas, y se lleven a la gente volando con sus alas multicolores. Entonces Zamorano devolverá toda la plata y se abrirán las grandes Alamedas segregadas.
En realidad lo que me llama más la atención no es el pésimo cálculo de la gente que está detrás del peor fracaso gubernamental en años (wena el Farrios!). Ni siquiera la irresponsabilidad de instaurar la política del "ensayo-error" en la vida de millones de capitalinos. Tampoco esa facilidad para ofrecer soluciones parche que sirven menos que billete de 500... lo que me alarma es la cuenta regresiva para el colapso social. Y no me refiero a alguna gente botando la reja del metro para entrar, ni la rotura de los ventanales de una micro amarilla pintada de Transantiago... Estoy hablando de una verdadera y masiva movilización social que probablemente va a dejar la cagá, y que es inminente. Porque claro, una cosa es que yo me enrabie con el sistema después de esperar por una micro llena de vez en cuando... pero otra cosa es la rabia acumulada diariamente por un obrero que tuvo que trabajar cargando sacos de cemento a todo el sol, esperar 45 minutos por una micro llena y que además lo deja a 20 cuadras de su casa. Esa bronca, y la de los oficinistas, escolares, dueñas de casa, adiestradores de focas y lanzas internacionales es explosiva. El Gobierno ha conseguido unificar a Santiago contra un enemigo común, algo que ya se quisiera cualquier partido, matinal u movimiento.
La mecha está encendida... a taparse los oídos.

Mi cambio de casa no fue tan traumático. Cambiar toda una vida y una naciente familia de cosas, es una tarea ardua, pero gratificante... más aún cuando tu casa nueva, aunque arrendada, es como un pequeño sueño cumplido.
Lo más difícil de trasladarse no fue tener que entrar los colchones por una de las ventanas del segundo piso, ni comprobar que los fondos se van rápido cuando tienes que pagar (documentar dice la gente grande), arriendos (del depto que dejas y de la casa que recibes), mes de garantía, comisión del corredor y cuentas de tu ex vivienda... sino que estar casi un mes sin la conexión a la monopólica compañía de cable, lo que implica no tener tu teléfono, ni internet, ni cable. Porque claro, un par de semanas pude funcionar con lo que dejó el ex arrendatario... pero esa era precisamente la pesadilla... mientras él no diera fin a la cuenta o la trasladara, yo no podía cambiar mis servicios a la casa, lo que se tradujo en una desconexión total por diez días, miles de llamadas a las operadoras de PLR (se omitió el nombre de la compañía), e incluso las amenazas de la Pame utilizando su alta investidura (su condición de primera dama de un seudo guionista y editor de la revista eclesiástica no es menor). Así las cosas, y luego de lograr la completa restauración de todo, lo que me ha llevado a sublimes alegrías como poder ver los partidos del "Audac" con el Míster, el único detalle que quedaba era que un técnico viniera a retirar el módem del ex arrendatario.
Como siempre en esta vida, las cosas pasan cuando uno menos las espera.
Una mañana cualquiera sonó el citófono (otro de los avances tecnológicos disponibles en mi nuevo feudo, junto con la campana sobre la cocina y un circuito eléctrico que me permite usar simultáneamente el hervidor y el microondas). Y bajé a abrir la puerta, cantando "yor biutiful...yor biutiful is truuu", feliz. Por fin, era un funcionario de PLR requiriendo el mentado equipo. Ágil como una gacela, se lo cedí, y me disponía a contestar su cuestionario cuando escuché un ruido que me llenó de pavor... "¡Blam!"... Un escalofrío recorrió mi espalda. Estaba solo en este mundo. La puerta de la casa se había cerrado.
No tenía llaves. No tenía plata. No tenía celular... y lo peor de todo: No tenía ropa puesta. Estaba con unos exiguos pantalones cortos de pijama y una polera ad-hoc (un triste espectáculo, por lo demás) ... como en uno de esos sueños en que caminas y te das cuenta de que no tienes zapatos, o simplemente estás en pelota. "Puta la weá", pensé, filosofando. "Chuuu... se quedó afuera", me dijo el técnico destacando lo obvio.
Es en momentos como ese cuando uno no tiene a nadie, ni a uno mismo. Estaba en blanco, no se me ocurría ninguna solución. Mi nuevo único amigo llamó a su central por radio y transmitió el celular de la Pame que atiné a recordar. "Buzón de voz", me dijo, mientras yo pensaba dónde iba a quedarme las cinco horas que faltaban para que alguien llegara a la casa a socorrerme. Sin zapatos no iba a llegar muy lejos. Pensé en conseguirme un carro de supermercado y vagar maldiciendo y recitando poesía y canciones de Piegrande... o en ponerme a trotar para pasar por deportista... otra opción era dormirme en mitad de la calle y hacer una acción de arte contra el Transantiago y las autoridades dormidas ante las necesidades de la gente, que en el fondo está en pelota... pero el asfalto estaba caliente y debajo de los pijamas uno no usa ropa interior (no yo, al menos).
Estaba en mis cavilaciones, cuando mi nuevo mejor amigo atinó... "Yo ando con una escalera en la camioneta"... Dicho y hecho. Antes de que me dijera nada, tenía una escalera telescópica puesta hasta una ventana del segundo piso, convenientemente abierta... "Se sube usted o me subo yo", me preguntó a lo Don Francisco... Pensé en pedirle que me tomara en brazos, onda Kevin Corner y Whitney Ohio, pero mi heterosexualidad me lo impidió... Y el vértigo que padezco optó por lo sano... Sube, Peter Parker, le dije... tomé en cuenta además que la maniobra no era tan simple... había que descolgarse de la escalera (a un costado), hasta la ventana. Una cosa es caerse... la otra es caerse con un short pijama (sin ropa interior, repito). Mientras entraba de nuevo a mi casa pensaba en mi película favorita de Bud Spencer y Terence Hill... "Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro", me repetía.
Desde entonces duermo con jeans. Es como andar en metro: Incómodo, pero seguro.
Éxito para todos