lunes, 25 de julio de 2011

De aviones y aeropuertos (Bibimbap)

Aeropuerto de Beijing. Un momento de inspiración.

Viajar solo, o casi solo, siempre es una experiencia límite. En especial cuando hablamos de pasar cerca de 30 horas sobre un avión en clase turista, tiempo suficiente como para que el sistema de diversión a bordo, los libros que llevaste, el catálogo del duty free, las advertencias de seguridad e incluso la sospechosa bolsita de papel frente a tu asiento se te hagan insufribles. Al final lo que te queda eres tú, y tu cabeza que funciona intermitentemente, semidespierta y apoyada en una almohadita que nunca terminas de acomodar bien y que siempre encuentra la manera de escapar hacia el lado. Tú y las azafatas que insisten en darte comida, café o lo que sea justo cuando te estabas quedando dormido. Tú y esas cosas que no habías tenido tiempo de pensar. Tú y tus ojos mirando a los otros viajeros, tratando de adivinar sus historias, su tránsito. Ese, supongo, es el viaje dentro del viaje.

Como el tipo que va dos asientos más allá, que lee con una mano en la boca una carta escrita a mano. Hoy, cuando casi nadie escribe algo de su puño y letra. Absorto, con la vista clavada en el trozo de papel, mientras el avión emprende el vuelo y se ladea junto con cada estómago de esas filas interminables de gente ("indifereeente", cantaría Cecilia). Lee. Lee y vuelve a plegar el papel cuidadosamente. Y piensa mirando al frente, sin ver nada. Se lleva la carta al mentón, como tratando de callar algún recuerdo en su boca. Guarda el ahora pequeño cuadrado en el sobre plástico donde tiene su pasaporte y lo que queda de su boarding pass, en una ceremonia silenciosa. Abre su mochila y saca un block. Toma el lápiz y piensa antes de por fin apoyarlo en la hoja. Y escribe por largos minutos. Quizás más de una hora. Su viaje "dentro del viaje" seguro lo lleva más lejos que al resto de nosotros. Yo sólo pienso que hoy casi nadie escribe a mano. Se enciende el aviso de turbulencias. A abrocharse el cinturón.

Bibimbap
Siga las instrucciones.
A veces hay que correr riesgos, y a alguna gente le gusta eso. Yo soy más de riesgos controlados, como comer un yogurt sin mirar la fecha de vencimiento, ir a buscar el diario al pasaje en pijama sin llaves en el bolsillo o pasar la tarjeta Bip! sin saber si tengo saldo. Siguiendo esa filosofía aventurera extrema es que me enfrenté a la pregunta de la azafata de la aerolínea coreana y su inglés extraño. Por lo que entendí, debía elegir entre la pasta y el Bibimbap. ¿Qué es un Bibimbap? Buena pregunta. Yo no sabía, no tenía cómo preguntar ni tenían cómo explicármelo. Eso lo hacía la opción lógica.
La espera desde que el sonido del carro comenzó a escucharse por el pasillo fue eterna, siempre lo es, y terminó cuando la aeromoza me dio una bandeja con una serie de pocillos tapados y una lámina larga… básicamente las instrucciones para preparar un Bibimbap en un asiento turista en que aunque seas muy flaco, que no es el caso, no puedes evitar chocar tu codo con el de otro pasajero. El hecho de que mi ocasional compañera de vuelo, una coreana de edad, también eligiera el Bibimbap, no mejoraba el escenario.
Una sopa, arroz caliente, un sobre extraño y otro pocillo tapado. Según veo en la tarjeta y siguiendo el ejemplo de la señora coreana, me tomo la sopa (nada mal) y luego abro el pocillo y vierto su contenido en el arroz blanco. Revuelvo. Es el turno de la salsa. Leo bien (uno puede leer coreano en situaciones extremas) y noto que es picante. Dudo. Pruebo y el sabor es extraño pero agradable. Decido poner un poco de salsa. Pica. Claro, es salsa picante, me dice la señora. En realidad no me dice nada, pero lo imagino (efecto de la salsa, seguro). Ya estoy ahí, ya pedí el plato, tengo hambre, así que echo toda la salsa en el arroz. Tomo el tenedor de plástico-cumpleañero y mezclo. Pruebo y vuelvo a mezclar. El "sabor extraño" cambia a un "sabor extraño y picante" y luego a un buen sabor. Raro. Como tímidamente primero y luego me voy soltando. Pero "en la confianza está el peligro", decía mi abuela. Siento que mi boca progresivamente pica más y mis ojos se ponen llorosos. No me queda Coca Light. ¿Llamo a la azafata? Sí, me gusta el Bibimbap.

6 comentarios:

  1. Anónimo1:18 p. m.

    Este es el mejor relato del blog. Felicidades. WWO!

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  2. Grande Claudio Álvarez, como siempre un gusto leer su blog.

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  3. yo voy por un Pad Thai!!! saludos

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  4. ¡Me gusta el Pad Thai! Lo probé en Hong Kong... ¡muy bueno! (aunque cuando me puse a cucharear algo que lo acompañaba, me picó hasta el alma).

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