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miércoles, 24 de marzo de 2010

Blackberreo, el nuevo perreo digital (las pechugas de Disney)

Botones y posibilidades. De eso se trata. Había visto muchas veces las Blackberrys, pero no fue hasta hace unos días que, gracias a mi querida Pame y un ventajoso plan asociado a su trabajo, analicé una con atención: la mía. La verdad es que varias veces consideré tener uno de estos nuevos dispositivos de semi esclavitud comunicacional, principalmente en esos días en que colapsado por estar trabajando en más de dos lugares a la vez, necesitaba organizarme, estar disponible, responder mails y tener claro cuándo eran los partidos de la Champions, Campeonato Nacional y copa Libertadores (principalmente eso). El destino quiso que el salto tecnológico me llegara justo cuando tengo poco o nada que hacer. Así las cosas, ahora puedo echarme a ver un partido y poner "me gusta" en los estados de la gente con una facilidad absurda. Reviso el mail cada vez que un sonido me indica que llegó un nuevo mensaje (2 de tres veces es spam), pude responder un comentario a este blog acostado pasada la medianoche, bajé aplicaciones que seguramente nunca voy a usar y por primera vez le estoy dando un uso a los dos pulgares (más allá de utilizarlos pa decir que algo está bien o tirar buena onda). Si no fuera por el tema de los acentos, que aún no sé cómo solucionar, estaría escribiendo esta nota desde la BB (así abreviamos los que tenemos Blackberry). Ahora que la gente bacán tiene Iphone, tener Blackberry es ser outsider o fome, lo que hace que me guste más (siempre he sido un poco contreras, la verdad).
Mucha gente encuentra lo peor esto de estar siempre conectado o disponible. Lo cierto es que yo lo estoy siempre. Con todos los canales abiertos, con todos los portales de noticias en el computador, los correos abiertos, ojalá con la tele prendida. La diferencia es que ahora al menos físicamente puedo estar con la gente sin que el cuerpo me pida información, ni sentir que se me queman las córneas frente al monitor. Ahora soy capaz de ver Vrolok sin verlo, cenar sin ver lo que como y vestirme sin fijarme qué me pongo... como la Tía Sonia. Una maravilla.