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| The real resort-spa chino andino. |
Mostrando las entradas con la etiqueta China Tiananmen Beijing Shanghai. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 29 de junio de 2011
El misterio de los moais chinos (Hotel resort)
lunes, 13 de junio de 2011
Another brick in the wall (historias de cárcel)
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| Para hacer esta muralla... tráiganme todas las manos. |
Los chinos no se andan con chicas. Mientras acá el tema de la “puerta giratoria” de la justicia vuelve cada tanto a los noticieros, en medio de las notas de ofertas, comida y próximas teleseries, allá la cosa está en el otro extremo. En especial cuando se trata de drogas.
Un chileno que vive en Beijing me lo reafirma. “Acá son cosa seria. No dejan pasar una. Bueno, hace poco ejecutaron a un británico por tráfico de drogas. El gobierno de Inglaterra, la ONU y varias ONGs pidieron que no lo mataran, pero los chinos no son de transar”, me cuenta mientras el minibús se abre camino por una ruta semi rural, hacia la Gran Muralla china, adelantando a toda velocidad por la pista que tiene el sentido contrario. Sudo.
martes, 7 de junio de 2011
La odisea del bajo, parte II (Good evening Beijing City)
| Este es el taxi real. |
Beijing es una ciudad bastante grande, con cerca de 20 millones de habitantes. Su núcleo urbano tiene 16 mil 800 km2. Si tomamos en cuenta que en muchos sectores los atochamientos son kilométricos, un desplazamiento a la hora peak puede ser una experiencia más larga que la versión extendida de Jesús de Nazareth en Semana Santa. Ante mis ojos, la capital china fue desapareciendo y la prolija arquitectura de ladrillos grises tradicionales mutó por un verde tenue y espaciado.
lunes, 6 de junio de 2011
La odisea del bajo (veinte años y veinte kilos)
| El viejo y querido Maxtone... |
Yo no sabía tocar bajo… ni siquiera guitarra, de hecho. Tenía en el cuerpo las clases de piano de los 4 a los 11 años, de las que algo me acordaba y muchas ganas de que la cosa funcionara (en mi condición de líder, vocalista y dictador). Por eso tomé el desafío como un tema personal. Con ese aval, hice lo que cualquier muchacho trabajador y esforzado habría hecho… conté mis exiguos ahorros… y luego fui donde mi papá. “¿Un bajo? ¿Cuál es el bajo?”, me preguntó contrariado mientras bajaba por unos segundos el cuerpo C de El Mercurio para mirarme. “Ese que suena dum, dum, dum, duuum”, dije en afán didáctico. “Pero eso es como el arroz… te compro una guitarra eléctrica si quieres”, contraatacó mi padre mientras volvía a alzar el periódico… La tentación no era poca. Pero un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer. Aunque tenga 15.
Así fue como me hice con mi primer bajo, comprado con su gentil auspicio en la Casa Amarilla: un Maxtone sunburst. Era bonito, sonaba mal y se sentía como tener colgado un tronco mojado sobre la espalda. Era justo lo que necesitaba.
martes, 16 de noviembre de 2010
Sombras chinescas (El retorno del rey)
Y bueh… esta inconstancia no es algo heroico, es más bien algo enfermo. Lo sé. La gente ya no me mira en la calle. El Mago Yin me hace la ley del hielo, mientras tararea algo de “la vecina de la esquina ya no va a la piscina”, y ríe. Solo y con los ojos desorbitados. En el metro nadie me habla, ni los guardias para decirme que me quede detrás de la línea amarilla. Así es la gente, en especial desde que la abandoné, pero en algunos momentos uno tiene que tomar decisiones. No es fácil esto, pero nadie dijo que lo fuera a ser. La cosa es que estoy con mi trabajo formal y además libreteando para la televisión a colores, así que me cuesta algo detenerme acá para dejar unas líneas, pero trato. Como ahora. Yin está cantando sobre su vecina, que ya no anda en bicicleta, y Santiago de Chile empieza a sudar con el calor que rebota en el asfalto. Va a ser un verano largo.
En un bosque de la China…
En el People´s Park de Shanghai la gente pasea como si el tiempo estuviese detenido. Lejos de los famosos rascacielos de formas improbables que la ciudad se esmera en lucir en cada postal, acá los árboles y flores parecen devorar el ruido de las calles aledañas, e incluso la luz del sol hecho en China. La música se detiene un instante. “Así no es… así no es la melodía”, le dice el chino viejo a la mujer que tiene el micrófono. Ella lo mira sin asomo de rabia, y con paciencia oriental vuelve a leer el papel que tiene en la mano, para luego escucharlo entonar la misma parte de la canción que seguramente ha cantado toda la vida, mientras los músicos, todos de edad y con instrumentos tradicionales, esperan para recomenzar. La clase termina y los dos se mezclan en un dúo Pimpinela Chaufán. La gente aplaude. Algunos cantan despacio. Saben la canción mejor que ella.
En un bosque de la China…
En el People´s Park de Shanghai la gente pasea como si el tiempo estuviese detenido. Lejos de los famosos rascacielos de formas improbables que la ciudad se esmera en lucir en cada postal, acá los árboles y flores parecen devorar el ruido de las calles aledañas, e incluso la luz del sol hecho en China. La música se detiene un instante. “Así no es… así no es la melodía”, le dice el chino viejo a la mujer que tiene el micrófono. Ella lo mira sin asomo de rabia, y con paciencia oriental vuelve a leer el papel que tiene en la mano, para luego escucharlo entonar la misma parte de la canción que seguramente ha cantado toda la vida, mientras los músicos, todos de edad y con instrumentos tradicionales, esperan para recomenzar. La clase termina y los dos se mezclan en un dúo Pimpinela Chaufán. La gente aplaude. Algunos cantan despacio. Saben la canción mejor que ella.
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