Mostrando las entradas con la etiqueta La life-los viajes-las noticias. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta La life-los viajes-las noticias. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de julio de 2011

De aviones y aeropuertos (Bibimbap)

Aeropuerto de Beijing. Un momento de inspiración.

Viajar solo, o casi solo, siempre es una experiencia límite. En especial cuando hablamos de pasar cerca de 30 horas sobre un avión en clase turista, tiempo suficiente como para que el sistema de diversión a bordo, los libros que llevaste, el catálogo del duty free, las advertencias de seguridad e incluso la sospechosa bolsita de papel frente a tu asiento se te hagan insufribles. Al final lo que te queda eres tú, y tu cabeza que funciona intermitentemente, semidespierta y apoyada en una almohadita que nunca terminas de acomodar bien y que siempre encuentra la manera de escapar hacia el lado. Tú y las azafatas que insisten en darte comida, café o lo que sea justo cuando te estabas quedando dormido. Tú y esas cosas que no habías tenido tiempo de pensar. Tú y tus ojos mirando a los otros viajeros, tratando de adivinar sus historias, su tránsito. Ese, supongo, es el viaje dentro del viaje.

martes, 23 de noviembre de 2010

Pecados de carne (Cambalache)

Más de una vez escuché decir que los pecados de la carne son los peores. Por eso cuando vi al Negro regalándole una mirada cómplice al mozo, supe que la cosa era grave. Como si nada, se levantó de la mesa con una poco disimulada ansiedad y siguió sus pasos tras una mala excusa.
Por una cabeeeza” se mezclaba el tango con el olor a bife. Sin que mi amigo lo notara,  lo descubrí a un costado de la cocina, tras esquivar el tránsito de los garzones y sus bandejas en hora peak. Ahí estaba, conversando disimuladamente con el tipo, un argentino con ya muchos años en el cuerpo.  A los pocos segundos, el hombre, flaco nicotinoso y de correcto uniforme, le deslizó unos billetes arrugados. El Negro los contó en éxtasis, casi con los ojos blancos. Mientras su traición se cocía a fuego lento, juraría que escuché a un jote cantar tres veces.

martes, 1 de abril de 2008

Mundo Perdido (Un loco camino a Mendoza)

Llevábamos varias horas de viaje.
Recorrer la ruta Santiago-Mendoza en auto se puede hacer eterno cuando tienes que hacer paradas de 20 minutos, los necesarios para sacar algunas fotos y reportear un poco. Al menos esa es la idea cuando andas haciendo un reportaje fotográfico o algo por el estilo. Por eso cuando Andrés, mi jefe-fotógrafo-chofer, me dijo que paráramos en esa estación de tren abandonada, el entusiasmo no fue precisamente lo que abundaba en mi rostro (en realidad nunca lo hace, para ser honesto).
En mi afán por acortar el trayecto había leído en voz alta el rústico cartel que coronaba el edificio ajado: “Mundo Perdido”. Ya era raro ver un museo en medio de la nada. Estábamos en la Ruta Internacional Nº7, km 1210, recién llegados a Argentina, en medio de la montaña, y entre la aduana trasandina y Penitentes.

“Llamador” rezaba una señal pintada a mano en una pared, bajo la cual pendía un triángulo oxidado y una vara metálica. Procedí a hacerlo sonar. Un hombre cargando una carretilla llena de piedras y un perro vinieron desde un cerro aledaño. “Estaba haciendo un poco de mantenimiento”, nos aclaró. El tipo, flaco, de lentes, lucía cansado y con su “remera” sucia. Le explicamos que queríamos recorrer el museo, un recinto envuelto en mallas negras que más parecía la cruza de un invernadero con una bodega. “¿Cómo andan de tiempo?”, consultó misterioso, mientras limpiaba sus lentes con su vestimenta, para luego asegurarnos que el tour demoraba 45 minutos. Yo miraba la casucha y me preguntaba dónde podía uno tardar tanto.

Le contamos que éramos periodistas, que no teníamos tiempo y el tipo se transfiguró. De obrero pasó a científico loco sin estación intermodal de por medio. “No es momento para ser modesto… lo que ustedes van a ver aquí es algo único en la Argentina”, dijo con aires de genio y gurú. “Habrá que creerle”, pensé. ¿Su nombre? Luis, 51 años, administrador, encargado de mantenimiento, creador y guía del lugar.

Entramos a una pieza de forma irregular y detalles plateados. Dentro, el sujeto mezclaba la charla normal con frases curiosas. Eso hasta que se interrumpió a sí mismo. “Los científicos me dicen que estamos listos para comenzar… vamos a ver si es cierto… así es. Esta es una máquina del tiempo, pero ojo que no es como las de Hollywood… esta está hecha en la Argentina, ¿viste? Así que ojalá que no falle”, dijo abriendo los ojos, mientras la habitación se cerró, se llenó de luces de colores que rompieron la oscuridad absoluta y se mezclaron con el humo y los ruidos espaciales. “Donde cresta nos metimos” fue la frase que se dibujó en nuestras poco iluminadas caras.

“Los científicos me dicen que ya llegamos… uh, menos mal, ¿eh?”, gritoneó por encima del audio. Pasamos dudando a la habitación siguiente, donde una grabación (absolutamente pro, hay que decirlo), evocaba un encuentro imaginario entre San Martín y un soldado por allá por 1800. Mirábamos incrédulos al general y su subalterno hechos en versión pesebre escolar. Todo acompañado por cartulinas pegadas en las paredes con toda la información, correctamente escritas a mano y subrayadas con colores, que habrían causado sensación en cualquiera de mis disertaciones escolares. “Yo no funciono con rumores o mitos… todo lo que ven acá es fruto de estudios. Trabajo con una universidad cercana”, decía el flaco mientras yo miraba una fotocopia en la pared.

Mientras adelantaba su pista de audio, esquivamos el tema de los indígenas de la zona para llegar a un mini puente colgante en el que casi naufrago. “Es para ponerle un poco de movimiento, viste”. No, no vi. Por eso casi me caigo, pensé.

Habitación siguiente: una maqueta de Argentina rodeada de agua domina el cuarto. Cignaco nos promete que la cordillera se formará ante nuestros propios ojos, y mientras la pista de audio corre, se ubica a un costado, tratando de pasar piola. “Al principio la tierra tembló”, dice el audio. Luis mueve cuidadosamente un cordel y el agua de la maqueta vibra. A medida que el relato avanza, el flaco mueve unos cordeles intentando que no lo notemos. La cordillera emerge y choca con el continente. Simplemente notable.

Pasamos a otro sector. Un volcán se dibuja en relieve frente a nosotros. En su base, y tras accionar un interruptor escondido, una posa de “lava” comienza a burbujear. “Uyyy, ojalá que no suba la lava”, dice Luis en plan infantil… “No, parece que ahí viene… ahí va a llegar… a veeer”. Ojalá que no se despierten los dinosaurios, agrega para aplacar la espera. Efectivamente, una mezcla de pintura y maizena cae por un agujero en la pared. De improviso, e interruptor mediante, una cabeza de dinosaurio digna de 31 minutos hace su entrada por una ventana camuflada con tiras de género. Luis golpea a su creación… “¡salí, asqueroso! ¡Fuera, dejanos en paz! ¡Asqueroso!” grita en una actuación digna del Globo de Oro. Por cinco segundos me sentí en una función de títeres. Cualquier duda sobre la utilidad de la visita se había disipado.

En la habitación siguiente el flaco me hizo frotar un par de cuarzos para comprobar cómo se iluminan en la oscuridad, y complementó la charla con sus conocimientos de física. La última pieza era la de venta de los souvenirs que él mismo confecciona.
Intrigado y mientras Andrés recorre los alrededores, converso con Luis. Me confiesa que el museo lo construyeron con un amigo, en sólo cuatro meses. Todo lo que se puede ver lo hizo con sus propias manos. Me invita a su casa para mostrarme recortes de prensa y dudo tres segundos pero voy (el tipo vive solo en medio de la montaña, da como para pensarlo). Me alcanza fotocopias de sus greatest hits, reportajes extensos en medios de la zona. Quién lo fuera a decir. “Disculpá el quilombo, pero este es una casa de soltero”, me dice canchero cuando entro. Tiene la cagada en realidad. “Eso es lo bueno de vivir solo, no hay nadie que te diga que ordenes ni nada”, dice airoso, con esa prestancia tan argentina, antes de despedirnos sin cobrar la entrada. Claro, porque el museo da lo mismo, el Mundo Perdido, con su locura y fascinante precariedad, siempre estuvo frente a nosotros… Era cierto: no es momento para ser modesto.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Pesadillas (I y II, en 3D)

Pesadilla 1
Sí, sé que llegué más tarde que bus clon al tema del Transantiago. Ahora que ya está todo dicho y hecho. Que hasta Iván se baja de la micro, pero por la puerta de atrás.
Mi primera impresión del plan la tuve desde Brasil, cuando no pasaba de ser una anécdota ver a la gente colgando... Después en Chile me declaraba un abierto fan del nuevo orden, de la reducción de micros, del adiós al ruido y la bienvenida a las calles expeditas... hasta que debuté como usuario. El Transantiago y yo nos odiamos. Simplemente no nos soportamos... Pa qué gastar más pixeles repitiendo las quejas de todas las viejas que entrevistan los noteros de los matinales. Pero sí, me he encontrado varias veces sin plata en la Bip! y sin tener un lugar donde cargarla en kilómetros a la redonda, y he andado apretujado (no manoseado, menos mal) en micro y metro.
En todo caso, tengo entendido que todo se va a arreglar cuando los buses orugas se transformen en mariposas, y se lleven a la gente volando con sus alas multicolores. Entonces Zamorano devolverá toda la plata y se abrirán las grandes Alamedas segregadas.
En realidad lo que me llama más la atención no es el pésimo cálculo de la gente que está detrás del peor fracaso gubernamental en años (wena el Farrios!). Ni siquiera la irresponsabilidad de instaurar la política del "ensayo-error" en la vida de millones de capitalinos. Tampoco esa facilidad para ofrecer soluciones parche que sirven menos que billete de 500... lo que me alarma es la cuenta regresiva para el colapso social. Y no me refiero a alguna gente botando la reja del metro para entrar, ni la rotura de los ventanales de una micro amarilla pintada de Transantiago... Estoy hablando de una verdadera y masiva movilización social que probablemente va a dejar la cagá, y que es inminente. Porque claro, una cosa es que yo me enrabie con el sistema después de esperar por una micro llena de vez en cuando... pero otra cosa es la rabia acumulada diariamente por un obrero que tuvo que trabajar cargando sacos de cemento a todo el sol, esperar 45 minutos por una micro llena y que además lo deja a 20 cuadras de su casa. Esa bronca, y la de los oficinistas, escolares, dueñas de casa, adiestradores de focas y lanzas internacionales es explosiva. El Gobierno ha conseguido unificar a Santiago contra un enemigo común, algo que ya se quisiera cualquier partido, matinal u movimiento.
La mecha está encendida... a taparse los oídos.

Pesadilla 2
Mi cambio de casa no fue tan traumático. Cambiar toda una vida y una naciente familia de cosas, es una tarea ardua, pero gratificante... más aún cuando tu casa nueva, aunque arrendada, es como un pequeño sueño cumplido.
Lo más difícil de trasladarse no fue tener que entrar los colchones por una de las ventanas del segundo piso, ni comprobar que los fondos se van rápido cuando tienes que pagar (documentar dice la gente grande), arriendos (del depto que dejas y de la casa que recibes), mes de garantía, comisión del corredor y cuentas de tu ex vivienda... sino que estar casi un mes sin la conexión a la monopólica compañía de cable, lo que implica no tener tu teléfono, ni internet, ni cable. Porque claro, un par de semanas pude funcionar con lo que dejó el ex arrendatario... pero esa era precisamente la pesadilla... mientras él no diera fin a la cuenta o la trasladara, yo no podía cambiar mis servicios a la casa, lo que se tradujo en una desconexión total por diez días, miles de llamadas a las operadoras de PLR (se omitió el nombre de la compañía), e incluso las amenazas de la Pame utilizando su alta investidura (su condición de primera dama de un seudo guionista y editor de la revista eclesiástica no es menor). Así las cosas, y luego de lograr la completa restauración de todo, lo que me ha llevado a sublimes alegrías como poder ver los partidos del "Audac" con el Míster, el único detalle que quedaba era que un técnico viniera a retirar el módem del ex arrendatario.
Como siempre en esta vida, las cosas pasan cuando uno menos las espera.
Una mañana cualquiera sonó el citófono (otro de los avances tecnológicos disponibles en mi nuevo feudo, junto con la campana sobre la cocina y un circuito eléctrico que me permite usar simultáneamente el hervidor y el microondas). Y bajé a abrir la puerta, cantando "yor biutiful...yor biutiful is truuu", feliz. Por fin, era un funcionario de PLR requiriendo el mentado equipo. Ágil como una gacela, se lo cedí, y me disponía a contestar su cuestionario cuando escuché un ruido que me llenó de pavor... "¡Blam!"... Un escalofrío recorrió mi espalda. Estaba solo en este mundo. La puerta de la casa se había cerrado.
No tenía llaves. No tenía plata. No tenía celular... y lo peor de todo: No tenía ropa puesta. Estaba con unos exiguos pantalones cortos de pijama y una polera ad-hoc (un triste espectáculo, por lo demás) ... como en uno de esos sueños en que caminas y te das cuenta de que no tienes zapatos, o simplemente estás en pelota. "Puta la weá", pensé, filosofando. "Chuuu... se quedó afuera", me dijo el técnico destacando lo obvio.
Es en momentos como ese cuando uno no tiene a nadie, ni a uno mismo. Estaba en blanco, no se me ocurría ninguna solución. Mi nuevo único amigo llamó a su central por radio y transmitió el celular de la Pame que atiné a recordar. "Buzón de voz", me dijo, mientras yo pensaba dónde iba a quedarme las cinco horas que faltaban para que alguien llegara a la casa a socorrerme. Sin zapatos no iba a llegar muy lejos. Pensé en conseguirme un carro de supermercado y vagar maldiciendo y recitando poesía y canciones de Piegrande... o en ponerme a trotar para pasar por deportista... otra opción era dormirme en mitad de la calle y hacer una acción de arte contra el Transantiago y las autoridades dormidas ante las necesidades de la gente, que en el fondo está en pelota... pero el asfalto estaba caliente y debajo de los pijamas uno no usa ropa interior (no yo, al menos).
Estaba en mis cavilaciones, cuando mi nuevo mejor amigo atinó... "Yo ando con una escalera en la camioneta"... Dicho y hecho. Antes de que me dijera nada, tenía una escalera telescópica puesta hasta una ventana del segundo piso, convenientemente abierta... "Se sube usted o me subo yo", me preguntó a lo Don Francisco... Pensé en pedirle que me tomara en brazos, onda Kevin Corner y Whitney Ohio, pero mi heterosexualidad me lo impidió... Y el vértigo que padezco optó por lo sano... Sube, Peter Parker, le dije... tomé en cuenta además que la maniobra no era tan simple... había que descolgarse de la escalera (a un costado), hasta la ventana. Una cosa es caerse... la otra es caerse con un short pijama (sin ropa interior, repito). Mientras entraba de nuevo a mi casa pensaba en mi película favorita de Bud Spencer y Terence Hill... "Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro", me repetía.
Desde entonces duermo con jeans. Es como andar en metro: Incómodo, pero seguro.


Éxito para todos

lunes, 12 de marzo de 2007

Actualizando

No he tenido tiempo para nada. Tanto así que le he dado vuelta mil veces a las ideas que quería incluir en este humilde espacio, dejando de paso que el tiempo haga su trabajo y acumule decenas de anécdotas que debería escribir. Ahora no sé cómo. Voy a hacer el intento, honrando las más de mil visitas que figuran en el contador, a pesar de que se me caen los párpados del sueño. Tener tiempo no siempre significa tener un momento. Uno de esos pasajeros instantes en que te iluminas y te vuelves un poco más gracioso, un poco más sabio o un poco más rubio.

Brasil, lalalalalalalaláaaa... (cantando porfa)
Este verano no tuve vacaciones, pero como hace tiempo tampoco tengo trabajo, estoy en una situación compleja. Esto de ser freelance significa que el límite entre el descanso y el trabajo se vuelve difuso. He pensado seriamente ponerme terno para andar en la casa durante el horario de oficina. Aunque sería incómodo para cumplir con todas las tareas del hogar que se me han encomendado, y que hacen palidecer a mis obligaciones profesionales "secundarias", como editar una revista, escribir guiones para una agencia de publicidad o abrir una edición de mi diario favorito en Brasil.
Sí (léase como J.M), estuve en Sao Paulo diez días trabajando. Pensaba escribir desde allá una bitácora detallada de toda la experiencia, pero la escasez de tiempo me mató. Eso y la humedad.
Sao Paulo y yo no tuvimos un amor a primera vista. Más bien nos miramos de reojo, desconfiados y en vez de sonrisa nos regalamos una mueca.
Supongo que todos tienen esa imagen de la ciudad inabarcable con edificios gigantescos y aglomerados. Y sí, es exactamente así, pero sin la música del principio de la teleserie. Claro que allá cada pequeño espacio de vegetación es una selva, con arañas gigantes y todo.
Básicamente la ciudad es como Santiago, pero gigante, tropical, con más onda y lleno de brasileños.

Un resumen
Sí, pa efectos de que esto no se transforme en un mamotreto ilegible, vamos con el glosario, Yeruba...

Imperdibles:
El barrio japonés, con sus luminarias en forma de faroles orientales y su sushi de verdad (lo que quiere decir sin palta y queso crema). Ahí comí un barco (ver foto) con sushi y sashimi reales, sin zapatos y con las clásicas puertas tipo ventanales de papel. Probé la cerveza japonesa (como no tomo nunca no les podría decir si se parece a la Cristal, a la Heineken o a la orina de un hipopótamo). El parque Ibirapuera: Un parque gigantesco, con una laguna con cisnes y gansos, un planetario y algunos museos dentro. Un agrado. El MASP: El museo más importante de América Latina... el día que fui estaba cerrado, así que fue un "perdible". Vila Madalena: El sector con más onda de la ciudad. Pubs con música en vivo, tiendas choras, restoranes... todo bien. Ferias de antigüedades: Fui a una increíble, pero no me acuerdo del nombre. Hay una que se pone debajo del MASP los fines de semana.

Lo mejor: Fui a un ensayo de una escuela de Samba: La Perola Negra (sí, Perla Negra, como habrán adivinado). Mi estancia en Sao Paulo coincidió con la semana previa al carnaval, así que algo de eso tuve.
Fuimos con tres extranjeros más (dos suecos y una portuguesa) a la Vila Madalena para ver el ensayo, que en realidad es la banda, las percusiones y las bailarinas tocando la música que desfilarán en el Carnaval, sin vestuarios ni nada. El concepto de Carnaval es que antes de que empiece la cuaresma (los 40 días antes de la pascua), se viene el desenfreno porque después durante ese periodo uno tiene que dedicarse la reflexión (ya). En Salvador de Bahía, la ciudad con más influencia africana de Brasil, la celebración es en las calles, donde camiones se pasean por las avenidas. En Río (el más famoso), y Sao Paulo hay "sambódromos", que son recintos donde la gente paga una entrada por ir a ver los desfiles.
Cada escola de samba representa a un barrio, y desfila por horas cantando un himno de su comuna que cambia todos los años. Eso es lo que tocan en el ensayo. Después de dos horas escuchando la canción es absolutamente imposible no aprendérsela...

Canta Pérola Negra
Me leva a sonhar
Na arte de amar, sou especial
Brilhando neste carnaval
.


Para graficarles la experiencia les puedo decir que entré a un galpón, donde gente de todas las edades estaba achoclonada escuchando al mal amplificado grupo: La vieja de la esquina, el abuelito, la lola, el rapero, el minero del norte, el pescador del sur, el chileno parecido a Brad Pitt, todos estábamos unidos en el ritmo. Es como bailar en el metro, pero sin manoseo. Osea... en realidad cuando estás en una masa de gente tan grande tienes que comprender que vas a estar absolutamente pegado a muchas personas y además bailando, por lo que si no te entregas al ritmo, estai cagado. Lo importante es no quedar con un negro por detrás nomás, porque uno nunca sabe.
La weá es increíble. La gente vuelta loca, el ritmo que no para, la percusión que va cambiando el arreglo durante dos horas... inolvidable nomás.
Ojo con: Los taxistas. Tienen una tendencia a cagarte. Nunca tanto como en México pero igual.

La gente: Muy buena onda, como siempre en Brasil. El brasileño clásico es simpático, además tratan bien a los turistas. ¿Las mujeres? Hay haaarta mujer bonita (mucha rubia natural además), pero uno se queda con el producto nacional siempre.

Lo curioso: Tienen muchas cosas abiertas las 24 horas. Desde tiendas pa tomar agua de coco, hasta supermercados completos. Otra curiosidad es el Parque Butantá, donde se pueden conocer todas las especies de serpientes que hay en el país (cientos). Ahí mismo desarrollan vacunas y medicinas a partir del veneno de los reptiles. Entre otras cosas comí comida de la India, de Vietnam y no me acuerdo de dónde más. Existe una variada oferta gastronómica que se centra en la "picanha" (que para mi desilusión es la picana, un corte que acá no se come mucho), que es la reina de las carnes allá. No tengo idea cómo la preparan, pero es muy buena. Recomiendo que prueben una X-Picanha (la equis se pronuncia "chis", así que así reemplazan la palabra "cheese").

La tele: No vi mucho, pero tenían muchos canales con fútbol, MTV en portugués (con VJ's propios y programas originales). Además Xuxa tiene un programa donde presenta dibujos animados. Sí, también hay infomerciales en las mañanas.

Me quedaron un montón de cosas por hacer... lo que es normal cuando vas sólo 10 días y además a trabajar (otra experiencia). En fin. Al menos cumplí en dedicarle un par de líneas a la clientela. Dejo pendiente el artículo del Transantiago (como siempre voy atrasado).

Éxito para todos.
Tudo bem!

miércoles, 24 de enero de 2007

No tengo espacio (lacorbatadeSaddam)

Todo me cansa. La sucesión de los días, los cambios de temperatura, las viejas, las quejas y las rejas. Será quizás que hoy es uno de esos días en que nada parece encajar, y las piezas del rompecabezas entran a la fuerza. Me siento un poco como el Transantiago... incomprendido, mal enfocado, mal armado.
Por estos días preparo un cambio. Me voy del depto para enfrentar el desafío de la casa propia de grupo... lo que equivale a decir la casa arrendada. Una casa blanca en un condominio con tejas, con un patio chico y un corazón grande. El sueño de la familia joven chilena, me dijo una amiga.

Undíadeesos
Medespertétemprano(enlamadrugada)averelpartidodelBomberderoquenoarrugóy
leganóaNadalquedespuéssesacólospillosdiciendoqueteníaunapuntadaenun
cacheteloquenodejadesersospechosoDespuesfuialsupermercadoaconseguir
cajasparalamudanzaMedieroncomocincoymelastrajealhombroloquenoesuna
decisióninteligentecuandovivesamuuuchascuadrasdedistanciaytuhijate
acompañapidiéndotequelaesperesypreguntándotequévasaprepararde
almuerzoLuegomepuseaembalarcosasparaeltrasladorgullosodehaberconseguido
quetodaslascopasentraranintactascuandollamaronamiprimogénitaportelefóno
UnaamigadelbarriolaqueríaveniravisitarAntesquemedieracuentalacabrachica
gritonayaestabanenlacasaLatardesesucediócomounapelículadehorrorconlas
niñascorriendoychillandoporelescasoespaciodeldeptodesordenandolopocoque
habíaordenadoysacandocosasdesusembalajesYyocomomayordomoinglés
siriviendojugoslechesfrutaspanesgalletasytratandodequemantuvieranelorden
conmenoséxitoqueteleseriedel13Cuandomissienescorríanelriesgodeestallar
(aesaalturayaestabaconganasdeprobarmelacorbatadeSaddam)lasllevéalaplaza
paracansarlasyclaroluegodeunratodeiresyvenireslacabrachicasecayóysepegóenla
cabezaYaerahoradellevarlaasucasaCuandovolvíaldeptomellamósumamápara
preguntarmequéchuchalehabíapasadoyyolediexplicacionespococonvincentes
queellaaceptótambiénpococonvincentementemientrasyojurabaquenuncamás
viviríaundíacomoestequetodavíanoterminayquesiempresepuedeponerpeor
Tengoalmademuchascosasperodenanano.
Lesjuroqueestoesmásfácilleerloquevivirlo.
Éxito.

viernes, 22 de diciembre de 2006

La Matiplaza

No sé si la gente me abandonó o yo abandoné a la gente. Fue hace un tiempo atrás, cuando dejé de formar parte del establishment laboral y tuve que emprender el duro arte del periodismo freelance. Desde ese momento, en que escribir se transformó en mi único sustento, corté con el blogger que llevo dentro. No por una cosa de gusto o estilo, sino porque simplemente no daba abasto para cumplir con todos los públicos. Y, como siempre en la vida, la prioridad la tiene el que paga.

Así las cosas, y luego de un periodo de pituteo intenso que ahora se transformó en una desolación laboral casi desesperante (una monedita, por favor), ahora vuelvo con la cola entre las piernas. Como el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas. No me queda otra tampoco. Escribo para no volverme loco.

La Plaza
Una amiga escribió una oda a su plaza la otra vez. Va todos los días con su hija de un año y habla con otras mamás, mientras los niños corren por el prado, en una verdadera postal veraniega del Chile ciudadano (ese que se supone que todos queremos).
Yo tengo una relación de amor y odio con mi plaza. No porque sea fea (no tiene nada que envidiarle a las plazas del tercer mundo), sino porque no encajo. Claro, el hecho de que tenga que ir por obligación (mi hija me lleva y no al revés), tampoco ayuda mucho, tomando en cuenta que todo lo que es obligatorio me produce rechazo, pero eso no es lo peor.
El tema es que mi personaje no tiene nada que ver ahí. Si enumeramos, están los cabros chicos: Los que aprenden a caminar, los que circulan en coche, y los más grandes, que se mueven en una biatlón permanente subiéndose y bajándose de sus bicicletas. Además, en una segunda línea están las mamás (escasas), las nanas peruanas (en abundancia), los guailones (que no están en edad de ir a la plaza), los piteros (escondidos en las sombras), los deportistas (que aparecen a trotar como a las 18.35), la gente que saca a pasear a sus perros (de vez en cuando), las amiguis que se cuentan secretos (parece que todos los días tienen uno), y el weón extraño que lee el diario mientras su hija juega (yo).
Al menos descubrí que guardar el periódico de la mañana tiene un objetivo (y de paso comprendí para qué sirve la suscripción). Por primera vez leo el diario entero, hago el puzzle, y me tapo la cara con él. Me falta usarlo en el baño para completar sus usos posibles. El otro día pensé en limpiarme con un artículo del Negrosuperstar... habría sido una bonita performance, pero lo deseché porque mi organismo está acostumbrado al lujo que representa el papel confort doble hoja (si no encuentro pega luego es un lujo que se puede acabar).
Todos los días (o casi todos, en realidad), llego en bicicleta. Así al menos paso por cool. O por jubilado cool. Pensé en llevar migas para las palomas, pero en La Reina lo que hay son loros. Uno podría pensar que es un buen ejercicio, pero en realidad mi casa queda a pocas cuadras de la plaza. En realidad la uso pa despistar.
Las nanas me miran y se ríen. No sé si por burlarse o por mi innegable sex appeal.
Todo termina siempre igual. Compro una lata de Coca Light y repito ¿Vamos a la casa, Coni? El brillo de la lata rebota en sus ojos. El soborno siempre sirve.

Matinews
Leo que el otro día murió Matipinochet. Hubo gente que maticelebró y otra que matilloró y matimaltrató a los matiperiodistas de otros matipaíses. El matinieto de matiPrats lo matiescupió.
El matiescándalo de corrupción en el matigobierno parece que no se va a matiacabar nunca. "¿Qué hacían con los matifondos reservados?", pregunta un matiopositor... "Lo mismo que ustedes en la matidictadura", responde un alguien de la maticoncertación.
No entiendo porqué dicen que los matidiarios no matiinforman de las cosas matiimportantes.

martes, 17 de octubre de 2006

Corazón... qué le has hecho a mi corazón...

Muchas veces uno se ve superado por las circunstancias... Cuando estás en la casa de la polola y descubres con pavor -y cuando el daño ya está hecho- que la cadena está mala; cuando vas a buscar los resultados de la PAA, PSU o sucedáneo (en mis tiempos la única manera era La Nación); cuando tu polola te dice que está esperando guagua; y cuando una mañana cualquiera el noticiario te muestra a los aviones chocando contra los edificios.
Pero no por eso estás preparado para que la vida te golpee... como cuando un "rostro amigo" te cuenta que el show se acaba, que el canal desechó la larga lista de ideas dudosas que poníamos en pantalla cada día. Al menos te lo puedes tomar con humor. Al menos te lo contó el rostro, tomando desayuno mientras las bailarinas pasan y las estrellas de una teleserie fallida comen pan con palta. Hay cosas peores. Como que tu hermano menor te despierte un domingo a las 8.30 para contarte que tu papá tenía un dolor en el pecho y partió a la clínica con tu madre. Duro. Directo al hueso. En ese momento es a uno al que le duele el corazón.
Levantarse con la película completa pasando frente a los ojos, aparecer en la clínica donde está la familia completa, esperar al médico. Horas que recuerdo como segundos. El infarto se desató con furia entre las arterias bloqueadas de mi mal cuidado padre.
Claro, mil veces le dijo todo el mundo. Mil veces él aseguró estar consciente. Mil veces pido que no le pase nada.
Mi familia no es una familia común. Somos incapaces de esperar con cara de circunstancia, inmóviles y apesadumbrados, así que optamos por hablar estupideces y sapear el funcionamiento de la clínica. La tele de la sala de espera siempre está en el canal más fome, somos muchos y pareciera que intentáramos pararnos justo en "la pasá", así que estorbamos en todos lados . La máquina de las bebidas se traga las monedas. Aparece una prima que no veía hace diez años con su marido y sus dos hijos pequeños rubios. Deben ser los únicos rubios de la familia, que es como si hubiera un jorobado o un negro dentro del árbol genealógico. Toda una rareza para una familia donde sólo de cuando en cuando nace un integrante capaz de caminar erguido e hilar frases si babear.
Mis tíos preguntan dónde está el difunto, mientras con mis hermanos miramos con cara de pregunta a cualquier persona que pase con delantal, aunque sea del aseo.
Sale un representante del doctor. Todo está bien, todo normal, el doctor sale en un rato.
Pasa un rato. Uno bueno, en cámara lenta. El doctor tiene mala cara. El infarto no fue leve como creíamos, fue uno de los buenos. El nivel de cagá que existe implica que habrá que realizar otro "procedimiento" (esa es la terminología real para una angioplastía= despeje de las venas mediante la introducción de una sonda a través de las arterias que elimina la grasa, para luego aplicar un 'extend' o tubo que fijará las paredes de la vena para que éstas no vuelvan a cerrarse. Cada extend vale un millón y medio. Luego de esta semana mi viejo cargará con seis, lo que lo hace más caro que Steve Austin).
Sale mi papá, amarillo, semiconsciente, saludando como quien viene del espacio. Uno no haya que decir.
Luego de un rato subimos a su pieza a conversar un par de cosas y hablar incoherencias. Él por efecto de los calmantes. Yo por efecto de mi mente enferma.
El día se transforma en semana, en visitas diarias, en otra intervención y en plata que se adeuda y se acumula, mientras el show se extingue delante de los ojos de los televidentes.
"El padre se vuelve hijo y el hijo se vuelve padre" dice una frase de Superman. La pura verdad, pienso mientras acaricio la cabeza de mi viejo antes de despedirme esa primera noche. La primera de muchas en que acompañé su recuperación... claro que sin traje azul ni capa roja, pa no alarmar a las enfermeras.
Ahora mi padre está en la casa (gracias a todos por la preocupación), y mi programa se fue pa la casa. ¿De quién es la casa? (Si no vieron alguna vez Morandé con Compañía no van a cachar de qué chucha hablo). Mucho para un par de semanas. Mucho para un solo post. Muchas gracias, buenas noches.

domingo, 24 de septiembre de 2006

Caca y 18 (el loly milagroso)

Escribo sólo por respeto a los dos comentarios cagones del último post, prueba indesmentible de que alguien lee esto.
Además me sirve para matar el tiempo frente al computador, tomando en cuenta que estoy en un lugar donde no quiero estar, haciendo una pega que no quiero hacer, en un día (domingo) que normalmente dedico a mis oraciones y flagelaciones.
Quizás sea que estoy de mala. Quizás sea que la alergia sale de su letargo por estos días, haciendo que mis mocos cuelguen, se me nuble la vista y me pique la garganta; todo mientras el sol me incinera los sesos. Una postal de mi odio hacia los días soleados, los delfines y los TLC.

Cómo pretenden que yo...
Fui con mi primogénita y mi mujer a la fonda del parque Intercriminal (fue casi mi única actividad dieciochera formal.. no fui a ninguna fonda a bailar cueca-reggaetón, tiquitiquibling). Hay que ser muy chileno (o muy weón - o ambos) pa pagar la entrada carísima que da derecho a disfrutar de tanta maravilla: Unos ponys cabizbajos que arrastran a los cabros chicos por luca, un Pedro Picapiedra inflable, un rodeo con novillos chascones y maltratados y huasos con puros "puntos malos", y anticuchos ABC1 (me acuerdo que el año pasado me comí uno y era más malo que el Indio Juan). Todo aderezado por un calor insoportable y precios primermundistas, que en promedio triplicaban el valor normal de cualquier almacén (hasta los helados de gamba vaían 600).
Cada tiquitiquití=luca. Ser chileno=no tiene precio.
Obviamente, mi sufrimiento no tiene comparación con el de los ponys. Los cabros chicos se suben a ellos con cara de éxtasis y espuma en la boca, mientras los papás sacan fotos y unas cabras los guían pensando en otra cosa.
"Pónganse todos a la foto", decía una señora que parecía aviso de Koleston, mientras los dependientes acomodaban uno al lado de otro cinco caballos enanos que no paraban de defecar mientras los movían, cada uno con un cabro chico pecoso sobre él. Al mismo tiempo el animal en el que mi retoña iba montado hacía un alto para orinar de manera furiosa.
Seguramente los científicos ingleses ya habrán estudiado este fenómeno que demuestra que el esfínter del pony está directamente conectado con su ánimo. Como el de tantos. (Se dice que para la Parada Militar los caballos escriben mensajes como "Peace" y "No a las armas" con caca mientras desfilan en la losa del Parque O'Higgins).
Más allá un local de pesca milagrosa atendido por dos agraciadas lolas era víctima del acoso policial de casi un cuartel móvil completo: Obviamente los pacos querían pescar algo y no era precisamente un jurel plástico. Convengamos en que ellas se hacían las lindas, como corresponde, manteniendo el interés policial a la usanza de cualquier asesora del hogar. Algo debe tener de mágico el uniforme verde... o la luma. Curiosamente el premio por sacar un pescado de la pequeña piscina inflable a medio llenar era un loly. Las minas eran dos y los pacos 4. Queda claro: ellos creen en milagros.


Éxito